cuando la andanada llegó
de repente, la de mi costilla
como alacrán soltó su ponzoña,
lloró mi santuario.
tenía calor en los pies
me acerqué a la cocina
por agua fresca,
pisé al alacrán
se me enfriaron los pies
se me entumió la traquea
no pude rezar,
quise vomitar
lloró mi santuario.
atacado en pánico
y olor a muerte, corrí dolido,
el alacrán estragos
su veneno aplastaba neuronas
yo sin un trago
para quitarme el dolor,
lloró mi santuario.
me picó el alacrán,
ya mi santuario no llora,
se pasea agua viva en mi ser,
un alacrán pica en lo limpio,
es un acto de Amor,
es Dios que vive y ama,
quiere que viva y le rece,
hizo conciencia y viera,
que Dios existe, Es El,
que pica enmascarado
su pasión y su dolor quiere
que llore en su santuario.
la canción, la alegría de Aquél que no merecía ,
picado ser por la humanidad ingrata
duro lo picó, Dios lloró, El gritó como yo,
para que jamás fuese picado,
a las dos de la mañana,
mi santuario ríe, llora e implora,
para que mis ojos llenen cantimploras
de oraciones que suben y bajan
como nieve de cristal hiriente en mis huesos,
no llora hoy mi santuario,
mañana amor mío será otro día,
quizá no aparezca el alacrán,
quizá sea una barba amarilla,
el Padre misericordioso,
para que siempre llore,
para que siempre ría,
para que siempre implore,
sigo llorando, aunque mis primos se vuelen la cabeza,
mi santuario sigue llorando,
yo seguiré rezando.
